Muy puestas en razón las reflexiones del alcalde Turbay, con relación al comportamiento de conductores de todo tipo en la ciudad de Cartagena, especialmente en lo que tiene que ver con el aparcamiento de vehículos en cualquier sitio, pero muy especialmente en las vías de la ciudad.
La guerra contra los huecos, la recuperación de gran cantidad de vías y la construcción de otro importante grupo, obedecían a varios objetivos, uno de los más importantes era el de mejorar la movilidad en la ciudad, fuertemente colapsada por carencia de buenas vías, entre otras cosas. La estrategia fue incluida en el Plan de Desarrollo y, desde el primer día de gobierno, no se ha hecho otra cosa que trabajar intensamente en este fundamental proyecto.
Nuestros bajos indicadores de movilidad, son una deficiencia estructural de la heroica y obedece entre otras cosas a: la difícil geografía de una ciudad atravesada por múltiples cuerpos de agua, la deficiencia de vías de alta velocidad y por supuesto, la indisciplina ciudadana mencionada por el alcalde y que es quizá la mayor dificultad para el control por parte del Departamento administrativo de Transporte y Tránsito.
Es inexplicable que personas que adquieren un vehículo a alto costo y seguramente con algunos sacrificios, lo abandonen en cualquier vía y lo dejen expuesto a accidentes, robos o cualquier otra contingencia. Aunque parezca una perogrullada, lo cierto es que el costo de cualquier incidente que tenga el vehículo abandonado, incluyendo una multa, es mucho mayor que el costo de algunas horas de parqueo en un sitio adecuado.
Todos recordamos cuando las viviendas se construían incluyendo el garaje. Hoy esos mismos garajes han sido adecuados como estudio o simplemente se han dejado de construir en beneficio de un mayor espacio útil de residencia. Pero aún, existiendo garajes en las casas y edificios, es muy común dejar el vehículo en la vía, por simple pereza de entrarlo y sacarlo cada vez que se requiera.
A pesar de la prohibición expresa de aparcar en vías públicas, los ciudadanos desobedecen la norma arriesgándose a una multa o, peor aún, a que el vehículo sea remolcado a un patio con los correspondientes inconvenientes. Es tan arraigada la costumbre de creer que las vías públicas son sitio de parqueo, que hay personas que las reservan instalando postes y otros aditamentos en los frentes de sus viviendas.
Seguramente será necesario construir más parqueaderos públicos a costos razonables, definir zonas de estacionamiento regulado, en vías que lo permitan y retirar cadenas y postes de parqueaderos públicos, que han sido privatizados en edificios, pero quizá lo que más se requiere, con gran urgencia, es una cultura ciudadana de respeto por el espacio público, especialmente por las vías, que son exclusivas para la movilidad de la ciudad.
