Por Rubén Rodríguez G
Durante varios años, Cartagena tocó insistentemente las puertas del Gobierno Nacional en busca de apoyo real para enfrentar la inseguridad. Bajo la administración del presidente Gustavo Petro, esas puertas pocas veces se abrieron. La ciudad quedó sola, con autoridades locales haciendo esfuerzos titánicos, pero sin el respaldo indispensable de la Nación. La mesa estaba coja: faltaba la pata del gobierno central que debía garantizar equilibrio y fuerza en la lucha contra la delincuencia.
Hoy, con la llegada del presidente Abelardo de la Espriella y la puesta en marcha del Plan Avispa, el panorama cambia. Se respira un aire distinto, positivo y optimista. Por primera vez en mucho tiempo, Cartagena siente que hay un Gobierno que escucha, que entiende la urgencia de devolverle la tranquilidad a sus calles y que se compromete con hechos, no con promesas ni discursos.
El despliegue de 150 uniformados en las tres localidades de la ciudad se ha convertido en un mensaje de respaldo, de presencia y de autoridad. Es la Nación diciéndole a Cartagena que no está sola, que la seguridad de sus ciudadanos y turistas es prioridad, y que la convivencia es un objetivo compartido.
Los llamados Boca de Fab y Boca de Champú tendrán que reconocer, aunque les cueste, que los esfuerzos y la gestión en materia de seguridad son reales y visibles. El despliegue del Plan Avispa no es un discurso vacío, sino una acción concreta que demuestra el compromiso del Gobierno Nacional y de las autoridades locales con Cartagena. Por más que intenten minimizar o desacreditar, la evidencia está en las calles: uniformados trabajando, operativos en marcha y una ciudad que reconoce el trabajo realizado.
La esperanza está puesta en que los resultados comiencen a verse pronto. Porque aunque el trabajo local ha sido incansable, sin el apoyo nacional era imposible avanzar con contundencia. Hoy, con un gobierno que se vincula y respalda, Cartagena tiene la oportunidad de recuperar la confianza y demostrar que cuando la Nación y la ciudad trabajan juntas, la seguridad deja de ser un sueño y se convierte en realidad.
Cartagena necesitaba un Gobierno que no solo escuchara, sino que actuara. El Plan Avispa representa ese respaldo que durante años se reclamó sin respuesta y que hoy comienza a materializarse. La ciudad tiene ahora la oportunidad de enfrentar la delincuencia con un frente unido entre autoridades locales y nacionales. Si este compromiso se mantiene, la seguridad dejará de ser una promesa aplazada y se convertirá en un logro tangible para todos los cartageneros.
