El Metropolitano volvió a ser una pesadilla para el Real Madrid, que cayó 2-1 ante un Atlético de Madrid implacable en las áreas. Los goles de Alejandro Grimaldo, desde el punto penal, y del canadiense Jonathan David dejaron sin respuesta a un equipo merengue que, además, sufrió la expulsión de Dean Huijsen. La escuadra de José Mourinho mostró fisuras preocupantes que van más allá del marcador. El descuento merengue llegó gracias a un cabezazo de Antonio Rüdiger, pero no fue suficiente para evitar la derrota.
El gran problema del Madrid fue su incapacidad para sostener el ritmo en la segunda mitad. La falta de cohesión colectiva y el derrumbe físico de la medular expusieron a la defensa en cada repliegue. Mourinho, desconcertado, observó cómo su plantel se desmoronaba en los duelos y quedaba a merced de la agresividad rojiblanca.
En medio de ese naufragio, el técnico portugués tomó una decisión polémica: sentó a Vinicius Júnior con el marcador en contra y un hombre menos. La sustitución del brasileño, símbolo del ataque blanco, evidenció la crisis de un jugador que ya no desequilibra ni intimida como antes. Su falta de chispa física y su incapacidad para ganar el uno contra uno lo convirtieron en un recurso estéril.
El crédito de Vinicius se agota en Chamartín y su desconexión defensiva desespera al vestuario. A sus 26 años, parece haber retrocedido a una versión inmadura, sin criterio en los metros decisivos y sin compromiso en la presión colectiva. El resultado deja al Madrid tocado en la tabla y abre un debate profundo sobre la vigencia de su estrella y la capacidad de Mourinho para reencauzar un equipo que navega sin brújula en LaLiga.
