El presidente Abelardo De La Espriella llegó a Cartagena, en medio de una gira por la Costa Caribe que lo ha llevado a instalar consejos de seguridad, reuniones de gobierno y empalmes regionales. No es un detalle menor: desde su posesión en Cali, el mandatario ha convertido el territorio en una de las ideas centrales de su Gobierno.
Y hay una coincidencia histórica que merece atención.
En su discurso de posesión, De La Espriella evocó a Rafael Núñez, el último presidente caribeño —cartagenero, por demás— elegido por Colombia antes de él. Recordó su proyecto de la Regeneración y, sobre todo, el proceso de centralización que acompañó la Constitución de 1886. Pero inmediatamente planteó una especie de inversión histórica: «Puedo prometer, y prometo, que gobernaré desde las regiones». Y definió su «nueva regeneración» como un Estado nacional fuerte, acompañado de regiones capaces de decidir y construir su propio desarrollo.
No se trata de juzgar a Núñez con los criterios de hoy. Se trata de observar el giro que está dando Colombia.
El presidente costeño que ahora gobierna desde la Costa propone cambiar la dirección del poder: de Bogotá hacia las regiones.
Cartagena como prueba
Por eso, la visita a Cartagena tiene una dimensión que va más allá de la agenda presidencial.
El Presidente tendrá un Consejo de Seguridad y un empalme regional con gobernadores y alcaldes. También participará en actividades de infraestructura en Bolívar.
Pero el verdadero interlocutor territorial será Dumek Turbay, alcalde de Cartagena.
Turbay llega con una agenda concreta:
- Agua para Tierra Bomba.
- Terminación de la Vía Perimetral.
- Segunda fase del Gran Malecón del Mar.
- Un ambicioso programa de vivienda asociado a Casa Milagro.
- Entrega al Distrito de algunos inmuebles nacionales actualmente sin uso.
Ahí aparece la pregunta de fondo:
¿Qué compromisos asume la Nación y cuáles asume Cartagena?
Porque descentralizar no consiste simplemente en que el Presidente viaje más. Consiste en que el territorio pueda decidir, ejecutar y responder.
De la palabra al presupuesto
El Presidente ha insistido en la importancia de cumplir la palabra empeñada. Esa idea adquiere una dimensión distinta cuando quien promete administra el Estado.
Una promesa presidencial debería poder seguirse en una cadena muy concreta:
PALABRA → DECISIÓN → PRESUPUESTO → EJECUCIÓN → RESULTADO
Por eso, después de la fotografía de la visita, vendrá lo verdaderamente importante:
- ¿Qué se acordó?
- ¿Quién pone los recursos?
- ¿Quién ejecuta?
- ¿En qué plazo?
- ¿Quién responde?
La reciente experiencia del colegio Julio Flórez, en Barranquilla, muestra justamente esa arquitectura: recursos y capacidades de Nación y territorio convertidos en una obra concreta.
La prueba de la descentralización
El Gobierno ha llamado «El Milagro de las Regiones» a su estrategia para fortalecer la relación entre Nación, departamentos y municipios, bajo la idea de que esa relación no debe ser de dependencia, sino de cooperación.
Cartagena ofrece ahora una oportunidad para comprobar qué significa eso en la práctica.
Porque hay una diferencia entre visitar las regiones, gobernar desde las regiones y gobernar con las regiones. Las visitas se cuentan en kilómetros recorridos; gobernar desde las regiones, en la capacidad de estar y responder desde el territorio; y gobernar con las regiones, en el poder de decidir, administrar recursos, ejercer competencias y producir resultados junto a quienes las habitan.
Quizá por eso, la visita de un presidente costeño a la tierra de otro presidente costeño adquiere una fuerza simbólica particular.
Rafael Núñez ayudó a construir un Estado colombiano más centralizado.
Más de un siglo después, Abelardo De La Espriella dice querer emprender la operación inversa: un Estado nacional fuerte, pero unas regiones con mayor capacidad para decidir su propio destino.
La historia, esta vez, no estaría repitiéndose. Estaría intentando darse la vuelta.
Buen viento y buena mar para la otra cara de la Regeneración.
