En los últimos meses, América Latina ha vivido una seguidilla de temblores y terremotos que han generado nerviosismo y especulaciones en una región altamente sísmica. Tras el devastador doble terremoto en Venezuela, que dejó más de 6.000 muertos, se registraron movimientos de gran magnitud en México, Colombia, Perú y recientemente en Costa Rica, lo que alimentó la percepción de un “efecto dominó” entre la población.
Sin embargo, los expertos aclaran que no existe una conexión directa entre estos eventos cuando ocurren con días o semanas de diferencia. Aunque un sismo potente puede generar réplicas, no desencadena otros terremotos en países distintos, ya que cada región responde a sus propias placas tectónicas y sistemas de fallas. En Venezuela, por ejemplo, la interacción es entre las placas Caribe y Sudamericana, mientras que en Colombia intervienen Nazca, Sudamérica y Caribe, y en Chile predomina la subducción de Nazca bajo la Sudamericana.
Las diferencias en los procesos también explican el impacto: en Colombia los sismos suelen ocurrir a mayor profundidad, lo que dispersa sus efectos, mientras que en Venezuela el epicentro estuvo más cerca de la superficie, concentrando la devastación. Los especialistas señalan que la recurrencia depende de la tasa de movimiento de las placas y de la acumulación de energía, como ocurre en Chile, donde cada 50 años se esperan grandes terremotos, o en la falla de San Andrés en California, donde se anticipa el “big one”.
