Las primeras obras que requiere el Canal del Dique son de regulación hidráulica. El problema central es que este brazo del río Magdalena no tiene control sobre sus flujos, lo que provoca inundaciones en invierno y sequías en verano.
La solución arranca con la construcción de esclusas en Calamar, similares a las del Canal de Panamá. Estas permitirán regular el ingreso de agua desde el río Magdalena, mantener un nivel estable y abrirse solo cuando sea necesario para el paso de convoyes, reduciendo así el riesgo de inundaciones que han golpeado históricamente a la región Caribe.
La segunda obra clave son las compuertas en Puerto Badel, diseñadas para bloquear la entrada de agua salada desde el mar hacia el canal. Este mecanismo es vital para proteger las bocatomas de los acueductos y garantizar agua dulce de calidad para Cartagena y municipios vecinos, evitando emergencias como las que se han vivido recientemente por intrusión salina.
Ambas intervenciones buscan estabilizar el sistema hídrico y, al mismo tiempo, recuperar el equilibrio ecológico de lagunas y caños degradados. Con un control adecuado del agua, se podrán restaurar ecosistemas estratégicos, mejorar la pesca y asegurar un desarrollo sostenible para las comunidades ribereñas.
En conclusión, el Canal del Dique necesita con urgencia estas dos obras iniciales —esclusas en Calamar y compuertas en Puerto Badel— para dejar atrás siglos de vulnerabilidad y convertirse en un eje de progreso y seguridad hídrica para la región Caribe.
