Hay teorías políticas que, aunque nacen más de la sabiduría popular que de la ciencia, terminan describiendo con precisión la dinámica del poder. Una de ellas es la del péndulo: los gobiernos se desgastan y el movimiento natural lleva a que el siguiente ciclo favorezca a la oposición. Así ha ocurrido en América Latina, donde varios países que apostaron por la izquierda terminaron girando hacia la derecha. Colombia, tras un primer gobierno de izquierda marcado por la presión y la crítica, parece entrar en esa lógica pendular que abre expectativas de retorno a la derecha.
La jornada electoral dejó claro que estas son las elecciones de las sorpresas. Abelardo, con una votación inesperada, se convirtió en protagonista sin haberlo previsto. Paloma, al intentar respaldarlo, descubrió que sus apoyos ya se habían desvanecido y que Oviedo reclamaba ese caudal para su propio proyecto en Bogotá. Iván Cepeda, por su parte, quedó desconcertado al ver cómo las encuestas fallaban y cómo Abelardo absorbía votos que parecían destinados a otros.
El fenómeno revela un problema estructural: la atomización política. Con más de una docena de candidatos y decenas de partidos, la primera vuelta se convierte en un filtro que obliga a una segunda. Sin embargo, lo ocurrido ayer fue casi una definición anticipada: el país, cansado de candidaturas hormiga y de partidos diminutos, decidió concentrar su voluntad en dos líderes que disputarán la presidencia. En otras palabras, la segunda vuelta se adelantó.
Abelardo pudo haber alcanzado la victoria en primera vuelta de no ser por esa dispersión de votos. Pero lo esencial es que la democracia se expresó con tranquilidad y libertad. Cada ciudadano ejerció su derecho, siguiendo la máxima de John Quincy Adams: el voto debe reflejar principios, incluso si se vota en soledad.
Colombia vivió una jornada que sorprendió a políticos, periodistas y autoridades. El péndulo sigue su curso, las candidaturas menores quedaron en evidencia y la ciudadanía mostró que quiere definiciones claras. Ahora, la expectativa se centra en la segunda vuelta, donde siempre emergen fenómenos inesperados y donde el país terminará de decidir hacia dónde se moverá el péndulo.
Y mucho ojo: la seguridad fue el discurso escogido para apoyar el derecho a la vida.
