La frase dice que la vida es algo que transcurre entre Mundial y Mundial. Y para mí, el Mundial de Italia 90 no fue simplemente un torneo de fútbol. Fue un verdadero límite emocional, un escenario donde la magia del número 10 todavía reinaba y donde se respiraba un fútbol romántico, lleno de genios que dictaban el ritmo desde el mediocampo. Para mí, fue el Mundial que me marcó la vida, porque fue el último en el que esa figura clásica del “diez” brilló con luz propia antes de que la táctica moderna empezara a diluir su protagonismo.
En Italia 90 vimos a Diego Armando Maradona cargando sobre sus hombros a toda Argentina, con esa zurda que parecía un pincel. Estaba también Michel Platini ya en la recta final de su carrera, símbolo del fútbol francés elegante y cerebral. Enzo Francescoli, el uruguayo de toque fino, y Dragan Stojković, el yugoslavo que deslumbró con su visión de juego, fueron parte de esa constelación. Incluso Lothar Matthäus, aunque más polivalente, asumió el rol de líder creativo en la Alemania campeona. Y no podemos olvidar a Valderrama, el “Pibe” colombiano, con su melena dorada y su pausa mágica que hacía del balón un objeto sagrado.
Italia 90 fue el último Mundial donde el número 10 era el corazón del equipo, el arquitecto de cada jugada, el que decidía cuándo acelerar y cuándo detener el tiempo. Después, el fútbol se volvió más físico, más táctico, más colectivo, y esa figura empezó a desaparecer, transformándose en mediapuntas o volantes ofensivos que ya no tenían el mismo peso simbólico.
Siempre me quedó la nostalgia de no haber visto en vivo a Pelé en México 70, el Mundial que muchos consideran el más bello de todos. Allí, el “Rey” desplegó su talento en un Brasil que jugaba como una sinfonía, rodeado de figuras como Jairzinho, Tostão y Rivelino, en un equipo que marcó época y que aún hoy es referencia de lo que significa el fútbol ofensivo y creativo.
Me hubiera gustado presenciar ese espectáculo, sentir la emoción de ver a Pelé dominar la cancha con su elegancia y potencia, y comparar esa generación con la de Italia 90. México 70 fue la cúspide del fútbol arte, mientras Italia 90 fue el último suspiro del número 10 clásico. Entre ambos mundiales se dibuja la transición de un fútbol que era poesía hacia uno que se volvió estrategia. Y en esa línea de tiempo, Italia 90 quedó grabado en mí como el Mundial que me marcó la vida.
Y tí ¿Qué Mundial te marcó?
