La ciudad amanece con un aire distinto. Hoy, el Real Cartagena se mide ante Envigado en la finalísima de la primera parte del torneo de ascenso, un partido de ida que puede marcar el rumbo hacia el título y, más allá, hacia el sueño mayor: regresar a la primera división del fútbol colombiano.
No es un encuentro cualquiera. En Cartagena la expectativa por el ascenso supera la de muchas otras ciudades del país. La razón es clara: ya se tuvo un equipo en la A y no se logró sostenerlo. Esa herida dejó sembrada la ilusión de volver y permanecer, de ver cómo la ciudad se comporta frente al reto de participar en el gran torneo rentado.
La pasión es evidente. Hoy irán al estadio los hinchas de siempre y también quienes nunca han hecho fuerza por un equipo, atraídos por la novedad y la moda. Esa mezcla puede generar tensión, pero también refleja que el fútbol se ha convertido en un fenómeno social que une a la ciudad. Lo importante es que todo transcurra en calma, que la fiesta sea deportiva y que la emoción no se desborde en excesos.
El mensaje es sencillo: tranquilidad para los fanáticos, buen fútbol para el Real Cartagena y expectativas que ojalá se cumplan. Que triunfe el mejor, sí, pero sobre todo que triunfe la cordura, la convivencia y el deporte.
Cartagena está sonando en el país, no solo por sus obras, sus reuniones internacionales o su vida cultural, sino también por el fútbol. Que siga siendo un punto de referencia positivo, que se consolide la idea de que aquí las cosas se hacen bien.
Hoy rueda la pelota y con ella rueda también la esperanza de una ciudad entera. Que sea un día de fiesta, de orgullo y de buen fútbol.
