El turismo es confianza. Cada visitante que llega espera seguridad y respeto. Cuando esa expectativa se rompe, no solo sufre la persona: se golpea la reputación del país y se afecta la economía local.
Por eso, en muchos lugares del mundo las leyes son claras: si la víctima es turista, la sanción es más dura. Costa Rica endureció penas por homicidio y robo; Europa y Asia persiguen la explotación sexual ligada al turismo con cooperación internacional. El mensaje es contundente: quien agrede a un visitante agrede a la nación entera.
El caso reciente en Cartagena, donde una turista española fue acosada por raperos en el Centro Histórico, lo demuestra. Lo que algunos presentan como “cultura urbana” se convierte en acoso y coerción. El video viral indignó a la opinión pública y obligó a las autoridades a reaccionar.
La lección es clara. Un destino inseguro pierde competitividad. El turista busca experiencias, no amenazas. La hospitalidad debe ser defendida con sanciones firmes y prevención constante.
Además, la era digital amplifica cada incidente. Un video compartido en redes puede recorrer el mundo en segundos y arruinar años de trabajo en promoción turística. La reputación de una ciudad se construye con esfuerzo, pero puede desmoronarse con un solo acto de abuso.
Por eso, la defensa del turista debe ser política de Estado y compromiso ciudadano. No basta con leyes: se necesita cultura de respeto, vigilancia activa y orgullo por la hospitalidad. Proteger al visitante es proteger la identidad y el futuro de la ciudad.
El episodio sucedido en nuestra ciudad nos recuerda de que la hospitalidad no se improvisa. Se debe defender con normas claras y sanciones firmes. Lo que algunos llaman “expresión cultural” se convierte en acoso cuando vulnera la libertad del visitante. Y en la era digital, un video viral basta para empañar la imagen de toda la ciudad.
Ante una situación como esta, la administración distrital tomó atenta nota y adelanta las acciones pertinentes en procura de que en lo sucesivo no se repita un caso más. El camino es proteger al turista, es proteger la reputación y el futuro económico de nuestra ciudad como destino. Cartagena y Colombia deben asumir que cada visitante es un embajador potencial y que su experiencia positiva fortalece la identidad nacional.
Un turista seguro no solo regresa: recomienda, multiplica y dignifica el destino.

