La reciente temporada de marejadas y frentes fríos ha dejado en nuestras playas daños de consideración, especialmente en aquellas estructuras levantadas para contener la fuerza del mar. Sin embargo, más allá de las pérdidas materiales, lo que emerge con claridad son las lecciones que debemos asumir como ciudad costera.
El gobierno distrital, en cabeza del alcalde y su gabinete, ha entendido que Cartagena no puede limitarse a reaccionar ante las emergencias. La posición geográfica que nos regala mares espectaculares y playas de ensueño también nos expone, en épocas difíciles, a la severidad del Caribe. Por ello, resulta estratégico pensar en el futuro, diseñar planes, estudios y proyectos que fortalezcan la protección de nuestras costas y garanticen tranquilidad a la ciudadanía.
El Plan de Ordenamiento Territorial ya incorpora estudios de riesgo que servirán de guía para nuevas obras y decisiones. La clave está en no ver estas contingencias como amenazas insuperables, sino como retos que un buen gobierno puede planear, estructurar y resolver. Cartagena no enfrenta nada que no sea manejable con visión, recursos y compromiso.
Celebramos que la administración distrital no solo trabaje en el presente, sino que proyecte su acción hacia el 2050, con la seguridad marítima como prioridad. Porque proteger nuestras costas es proteger la vida, la economía y la identidad de una ciudad que, en tiempos de calma, brilla con alegría y belleza, y que en tiempos de rigor debe demostrar su capacidad de resiliencia y planificación.

