La reciente llegada de flamencos rosados a la Ciénaga de la Virgen ha despertado un entusiasmo colectivo que trasciende lo anecdótico. No se trata solo de un espectáculo natural que embellece el paisaje cartagenero, sino de un símbolo que ha puesto en el centro de la conversación pública el destino de uno de los cuerpos de agua más importantes de la ciudad.
Para algunos, la presencia de estas aves es señal inequívoca de recuperación ambiental: un indicio de que la ciénaga empieza a recobrar la calidad de sus aguas y la vitalidad de sus ecosistemas. Para otros, se trata de un fenómeno migratorio habitual, una parada necesaria en el largo viaje de las aves, sin que ello implique mejoras sustanciales en el entorno. Ambas interpretaciones, sin embargo, coinciden en un punto: la ciénaga ha vuelto a ser visible, admirada y discutida.
El mirador construido en la vía a La Popa ha jugado un papel decisivo en este cambio de percepción. La Ciénaga de la Virgen ya no es un paisaje distante, apenas recordado; ahora es un escenario abierto, contemplado y valorado por propios y visitantes. Esa nueva visibilidad ha generado debate, preocupación y propuestas, lo cual es saludable para la vida democrática de la ciudad.
No obstante, los expertos advierten que la ciénaga enfrenta retos serios: la desecación progresiva, la acumulación de materia orgánica y la pérdida de capacidad hídrica son problemas que no se resuelven con la sola presencia de aves migratorias. La belleza del momento no debe ocultar la urgencia de una estrategia integral que combine recuperación ambiental, aprovechamiento turístico sostenible y fortalecimiento de la pesca artesanal.
La Ciénaga de la Virgen es paisaje, es ecosistema, es oportunidad. Que hoy esté en boca de la ciudadanía es una buena noticia, pero el verdadero desafío será convertir esa atención en acción. El gobierno distrital ya ha anunciado proyectos y obras; corresponde ahora que estos se traduzcan en resultados palpables, en un plan de acción que devuelva a la ciénaga su valor real y duradero.
Bienvenido el debate, bienvenida la discusión. Que el vuelo de los flamencos sea el inicio de una nueva etapa en la relación de Cartagena con su ciénaga: una etapa de cuidado, de orgullo y de compromiso colectivo.

