No cabe duda de que Cartagena enfrenta una deficiencia estructural en materia de movilidad urbana. La ciudad, con su carácter singular y su dinámica turística, soporta no solo el flujo permanente de vehículos de sus habitantes, sino también el impacto de una población flotante que, varias veces al año, llega desde distintos puntos del país con sus propios automóviles. El resultado es evidente: calles congestionadas, trancones interminables y andenes convertidos en parqueaderos improvisados.
Este fenómeno revela dos problemas de fondo. Por un lado, la insuficiente oferta de parqueaderos privados, que además resultan costosos y poco accesibles. Por otro, una cultura ciudadana que, ante la falta de alternativas, termina por normalizar el uso indebido del espacio público. El centro histórico, joya patrimonial y turística, sufre especialmente esta presión, pues apenas cuenta con unos pocos sitios de estacionamiento, difíciles de ubicar y de alto costo.
En este contexto, el proyecto de parqueaderos subterráneos planteado por la Alcaldía surge como una propuesta sensata. No solo responde a la necesidad urgente de ordenar el parqueo, sino que lo hace sin alterar el entorno histórico y cultural de la ciudad. Se trata de una solución que, aunque aún en estudio, merece consideración seria: combina funcionalidad con respeto al patrimonio.
El debate se torna más interesante al contrastar este plan local con el Plan Nacional de Desarrollo. Mientras el presidente Petro impulsa una visión de infraestructura centrada en el ser humano, el alcalde de Cartagena cumple compromisos programáticos con la ciudadanía, enfocados en turismo, movilidad y bienestar social. Aunque los enfoques difieren, existen puntos de coincidencia: la seguridad humana y el desarrollo alrededor del agua, ambos presentes en las agendas nacional y local.
La discusión, lejos de ser un choque, debería verse como una oportunidad de articulación. Cartagena necesita soluciones inmediatas para su movilidad, pero también debe alinearse con la visión nacional de sostenibilidad y vida. Los parqueaderos subterráneos, más allá de ser infraestructura para vehículos, son infraestructura para el turismo, motor económico de la ciudad. Y el turismo, a su vez, genera empleo, recursos y bienestar que se reinvierten en educación, salud y cuidado social.
En conclusión, el alcalde debe avanzar en su plan, pues responde a compromisos electorales y a necesidades reales de la ciudadanía. Al mismo tiempo, el proyecto encaja en la lógica nacional de poner al ser humano en el centro, ya que una ciudad con movilidad ordenada y espacio público liberado es también una ciudad más humana. Cartagena, cuyo desarrollo se estructura alrededor del turismo, no puede darse el lujo de ignorar este reto. Resolverlo es apostar por el bienestar colectivo y por la sostenibilidad de su futuro.

