No es nuevo ni extraño que el gobierno distrital haya desplegado, en estos más de dos años de administración, una intensa actividad social.

La atención hacia la tercera edad, los jóvenes, las mujeres en riesgo, los niños y las personas con discapacidad ha sido el eje de una estrategia amplia y sostenida que, por primera vez en la ciudad, se percibe como un verdadero programa integral de inclusión y bienestar.

La rendición de cuentas del pasado viernes lo dejó claro: la ciudadanía reconoce que se ha trabajado con énfasis y resultados positivos. Los indicadores muestran avances, pero más allá de las cifras, lo que marca la diferencia es la capacidad de gestión en casos puntuales, donde la ayuda llega de manera inmediata y personalizada.

Recordamos episodios que hablan por sí solos: la señora que cantaba un disco de Falcao y recibió atención; familias que perdieron su vivienda en un incendio y fueron socorridas de inmediato; el joven conocido como “el canadiense”, cuya tragedia familiar fue atendida directamente por el alcalde; o la niña Audrey, impactada por una bala, que gracias al acompañamiento institucional logró recuperarse, graduarse y hoy camina con esperanza renovada.

Estos ejemplos dibujan con nitidez una gestión que no se limita a programas generales, sino que se involucra en la vida concreta de los ciudadanos. El propio alcalde ha visitado hogares, ha escuchado necesidades y ha actuado con rapidez, convirtiendo la política social en un ejercicio de cercanía y humanidad.

Nunca antes Cartagena había visto un modelo de atención tan personalizado. Por eso, más que un logro administrativo, lo que se está construyendo es confianza ciudadana. La gestión social de este gobierno merece ser destacada y celebrada, porque demuestra que cuando la voluntad política se une a la sensibilidad humana, los resultados se convierten en historias de vida transformadas.

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