En el ambiente político de Bolívar se escuchan con insistencia las aspiraciones de los partidos: el Conservador sueña con cuatro curules, el Liberal asegura que tendrá tres, el Pacto Histórico calcula dos y las comunidades anuncian que recuperarán una columna. En suma, diez representantes a la Cámara. Sin embargo, la ley es clara: al departamento le corresponden seis, según la fórmula establecida de dos curules base más una por cada 365.000 habitantes, o fracción superior a 152.500.

La diferencia no es menor. Mientras los partidos suman con entusiasmo, la norma y la demografía ponen límites precisos. Este desfase revela un problema de fondo: la falta de cálculos serios sobre el verdadero potencial electoral de cada colectividad. Se confunde la aspiración con la capacidad real de elección, y se construyen expectativas más cercanas al deseo que a la estadística.

El contraste es evidente si recordamos la campaña a la Alcaldía de Cartagena, cuando el equipo de Dumek Turbay proyectó 160.000 votos y obtuvo 160.500. Un ejercicio de planeación riguroso que mostró cómo la estrategia y el análisis pueden acercarse con exactitud a la realidad. Hoy, en cambio, las proyecciones para la Cámara parecen más un ejercicio de voluntarismo que de técnica.

La política no puede reducirse a cuentas alegres. Bolívar merece campañas estructuradas, con diagnósticos serios y propuestas claras, no simples sumas que ignoran la capacidad real de elección. Porque al final, más allá de los discursos, la democracia se mide en votos, y los votos se cuentan con precisión, no con ilusiones.

¡Nuevamente amanecerá y veremos!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *