Es evidente que muy poca gente en Cartagena conoce realmente como funciona el proceso de sostenimiento de la seguridad en cualquier ciudad del país o ente territorial. En la Constitución se establece que el Estado es el guarda de la vida, honra y bienes de los ciudadanos y eso está en cabeza del presidente de la República.
En orden jerárquico primero está el presidente, luego el Ministerio de Defensa y, por último, la Policía Nacional. Son estos tres los ejes fundamentales encargados de resguardar y garantizar la tranquilidad de los colombianos. En los territorios el alcalde de la ciudad es el jefe de la Policía toda vez que hay una sede que se establece en cada ciudad capital.
Y es bueno tener claridad en que el alcalde no nombra policías, tampoco nombra fiscales ni jueces porque esto depende de otra rama que es el poder judicial. En ese orden de ideas, el alcalde lo que hace es coordinar todas las actividades y aporta su contribución logística y financiera para que la Policía cuente con mejores herramientas de trabajo y mejores elementos con los que combatir el delito y tenga la tranquilidad de que está actuando en un territorio donde la colaboración del Ejecutivo es total.
Es necesario no perder el norte y tener claro que la seguridad depende eminentemente de la Presidencia de la República, Ministerio de Defensa y Policía Nacional. Es decir, la inversión de recursos por parte de la alcaldía llega en un momento oportuno para garantizar que la Fuerza Pública pueda trabajar y desempeñar bien su papel. ¿Qué tal donde no lo hiciera?
El problema de seguridad en Colombia es un tema complejo y difícil. Asistimos recientemente a un escenario en el que los enfrentamientos de las disidencias y el Clan del Golfo goplearon con todo al sur del departamento de Bolívar y tuvimos que ver a un Gobernador con su Director de Seguridad clamando por el apoyo del Gobierno Nacional. Solo después de casi cuatro o cinco días en los que la población vivió sumida en un panorama desolador y estaba contra la pared, decidieron apoyar al ente territorial con el envío de tropas para hacerle frente a una situación que no tenía razón de ser.
Señalar a uno y otro en la ciudad o el departamento es muy fácil pues ya lo dice el adagio popular con la la boca y con el dedo se hacen rosas de macaneo. Los reclamos en materia de seguridad aparecen como posturas y posiciones que pretenden mostrar a quienes lo hacen como los más opcionados para liderar un proceso electoral. Craso error y pierden el tiempo quienes consideran saber de seguridad y aprovechan los micrófonos para hablar de un tema que primero es necesario estudiar.
Esto no se va a resolver simple y sencillamente poque algunos concejales exigan o pidan con voces destempladas y sin ningún tipo de fundamento la renuncia del alcalde. Que quede claro, esto no tiene sentido alguno teniendo claridad meridiana en que esto se resuelve desde la fría capital de la República, específicamente desde el Palacio de Nariño y la Carrera 54 # 26-25, donde se ubica el Ministerio de Defensa Nacional.
El trabajo de la administración se viene realizando de manera eficiente y esto se trata de un tema al que hay que darle tiempo. No podemos pretender que en año y medio se resuelva un problema que lleva 40 años carcomiendo la ciudad. Pero si se observa con detenimiento la estadística en 2025 nos indica que el homicidio intenciónal bajó 13% en lo que va del año en relación con 2024.
Decía el filósofo norteamericano Amos Bronson Alcott, la prudencia es la huella de la sabiduría. Y en estos casos es mejor escucharla cuando nos susurra al oído.

