EDITORIAL

En tiempos donde las redes sociales han reemplazado a la radio como vehículo principal de información, no todo lo que se publica puede tomarse a la ligera. Esta semana, el campeón mundial de surf adaptado, Fredy Marimón, denunció públicamente una grave afectación a su imagen por parte del concejal cartagenero Javier Julio Bejarano. Lejos de ser una simple disputa mediática, este caso reviste una seriedad mayor al involucrar posibles vulneraciones a derechos fundamentales consagrados en la Constitución y en el Código Penal colombiano

Fredy Marimón no es un ciudadano cualquiera. Es un símbolo de superación, un referente internacional en el surf adaptado, un joven que ha llevado en alto el nombre de Cartagena y de Colombia, a pesar de todas las barreras que la vida le ha impuesto. Su imagen no solo representa victorias deportivas; representa la esperanza de una juventud que lo escucha y lo admira por sus logros, su humildad y su ejemplo.

El concejal Bejarano, en un intento fallido de formular una denuncia ante la Federación de Surf, utilizó su investidura pública para desacreditar al deportista, generando una mancha que podría tener consecuencias irreparables sobre su reputación. Este tipo de señalamientos no solo vulnera el derecho al buen nombre, sino que además puede ser considerado una infracción legal.

De acuerdo con el artículo 15 de la Constitución Política de Colombia, “todas las personas tienen derecho a su intimidad personal y familiar y a su buen nombre, y el Estado debe respetarlos y hacerlos respetar”. Asimismo, el Código Penal Colombiano, en su artículo 220, tipifica el delito de injuria, que se configura cuando una persona realiza imputaciones deshonrosas contra otra, afectando su dignidad. El artículo 221, por su parte, establece el delito de calumnia, cuando se acusa falsamente a alguien de un delito.

En este caso, de comprobarse que el concejal Bejarano actuó con dolo o negligencia, podría enfrentar acciones legales por afectar el honor y la integridad moral de Marimón. Aun sin una condena judicial, el solo uso de su plataforma como figura pública para atacar sin fundamento a un campeón mundial ya constituye un abuso de poder.

Más allá del marco legal, este episodio plantea una reflexión de fondo: ¿estamos permitiendo que la política se convierta en escenario de persecuciones personales y revanchas sin sustento? ¿Qué mensaje le enviamos a nuestros jóvenes cuando un servidor público destruye con palabras lo que años de esfuerzo y mérito han construido?

Fredy Marimón no solo tiene “un as bajo la manga”; tiene la verdad, la coherencia de su trayectoria y el respaldo de una comunidad que lo reconoce. Este caso no debe tomarse a la ligera. Es una oportunidad para recordar que el respeto, la ética y la responsabilidad también deben ser parte del discurso político.

Porque la dignidad de un deportista no puede ser pisoteada por los micrófonos del oportunismo.
Y porque la justicia —tarde o temprano— siempre llega.

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