Pese a tratarse de menores de edad lejos de sus familias, el concejal rechazó la gestión de la Alcaldía de Cartagena que permitió el retorno de los niños a Uganda.

Ayer, luego de casi un mes a la deriva en Cartagena, la reconocida agrupación de bailarines, proveniente de Uganda, África, Masaka Kids, pudo regresar a sus hogares tras la gestión de la Alcaldía de Cartagena en la consecución de los tiquetes aéreos y la atención que requerían los menores de edad.

Luego de su llegada a Cartagena, el pasado 7 de abril, Masaka Kids Africana se presentó en distintos eventos privados y comerciales, agendados por los organizadores del Festival de Música del Caribe; sin embargo, al llegar la fecha de su regreso, el pasado lunes 21 de abril, la desorganización y déficit financiero, por parte de los empresarios que los trajeron a Colombia, obligó que su retorno hacia África quedara en el aire.

Ante esta situación humanitaria, que provocó la indignación de toda Cartagena, el alcalde Dumek Turbay anunció que su administración gestionaría los recursos necesarios para el regreso del grupo que en Instagram acumula 9,3 millones de seguidores en todo el mundo que admiran y reconocen su arte frente a las vicisitudes y el conflicto en su país.

No obstante, esta gestión, ampliamente celebrada y agradecida por la ciudad ayer cuando los niños pudieron viajar hacia Uganda, generó el descontento de voces como la del concejal Javier Julio Bejarano, quien expresó su rechazo, a través de una acción de control político, a que el Distrito haya intervenido en la lamentable situación generada por empresarios del sector privado.

Incluso, más allá de que se haya tratado de una situación con niños a miles de kilómetros de sus hogares, Julio Bejarano cuestionó si este fue “un gasto legítimo para una agrupación extranjera que fue traída a la ciudad por una entidad privada.

Además, cuestionó sobre en qué línea estratégica del Plan de Desarrollo de Cartagena o norma se justificó la destinación de recursos públicos municipales para facilitar la compra de los tiquetes; cuando el rol del Distrito fue gestionar los recursos, más no desembolsarlos directamente del presupuesto público.

Sin lugar a dudas, la postura del concejal opositor provocará diversas opiniones en contra y algunas voces la definirán como oportunismo político frente a una situación que involucró niños.

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