Por Rubén Rodríguez García
Es increíble pensar que el mundo se puede hacer pedazos por simples atuendos, sombreros y demás. La historia nos ha mostrado, a través de los años, cómo los judíos con sus kipas y los palestinos con sus Kufiyas se destruyen sin piedad y se agreden unos a otros hasta acabar con sus vidas en nombre de Dios, los unos, y en nombre de Ala, los otros. Símbolos y atuendos que marcan la historia de crueldad y de vejámenes de la humanidad.
Recientemente asistimos en Colombia a un escenario en el que, en medio de un gobierno que dice ser democrático, han tratado de imponer el sombrero del excomandante del M-19 Carlos Pizarro Leongómez como símbolo de interés cultural. Y como era de esperarse, se armó Troya. En redes sociales y demás salieron aquellos seguidores del expresidente Álvaro Uribe Vélez a manifestar que ese sombrero no los representaba a ellos y; por el contrario, con el que se sienten identificados es el que usa el exmandatario.
Tal y como lo plantea el abogado y conferencista Guillermo Linero Montes en el portal PARES, de la Fundación Paz y Reconciliación, los símbolos no son caprichos; en tal suerte, quiéralo o no el presidente Gustavo Petro, o quiéranlo o no los petristas y los izquierdistas, el sombrero de Uribe también es un símbolo para una gran parte de la población.
La polarización en Colombia ha llegado a tal extremo que hoy no se entiende lo que está ocurriendo en el país y el tan anhelado logro que nos vendieron de la Paz Total está muy embolatado. Las disidencias parecen no tener freno en su accionar. Es el momento de analizar si el planteamiento fue un simple discurso de campaña para llegar al poder y perpetuarse y la tan anhelada paz solo quedará en el imaginario de los colombianos.
La violencia de parte y parte, da cuenta que el país sigue polarizado y desangrándose sin que logre encontrar una luz al final del túnel. Muy seguramente en las próximas marchas del país vamos a pasar de la lucha de ideas y argumentos al uso de los sombreros de Pizarro o de Uribe. Y a la distancia algunos colombianos están respaldando a los que usan los Kipas y otros estarán con quienes utilizan la Kufiya.
Parece propio de una serie de Netflix, mientras un país se divide en quien sigue un sombrero u otro, delante de nosotros tenemos un elemento que nos identifica y nos une: EL SOMBRERO VUELTIAO. Y creo que esa es la idea, encontrar elementos que nos unan e identifiquen como colombianos y no seguir en el camino de la polarización que nos desvían y nos hacen creer en la llegada de los falsos Mesías.

