Por Rodolfo Díaz Wright

No es de extrañar que en Cartagena, tan pronto alguien plantea una solución a algún problema y toma el riesgo de iniciar actividades de prueba, de inmediato surgen una gran cantidad de expertos que rechazan la iniciativa, pontifican con gran elocuencia sobre el problema y, lo mejor, tienen la solución para resolver de cuanta vaina.

No es raro entonces, que nos llamen la olla de cangrejos, en homenaje al famoso octopodo, que solo hace ruido y ni sale el, ni deja salir a nadie de la olla. Lo que nadie comprende es, cómo con tanta sabiduría y soluciones a la mano, hayan permanecido ensimismados dejando que la situación se agrave durante años sin decir, ni por casualidad: esta boca es mía.

Y no solo se trata de los charlatanes y metemonos habituales, que encontramos por todos los rincones de la heroica, con una agenda gorda de tantos papeles que lleva adentro  y sujeta con un cauchito. Nada de eso, hablamos de personajes  que aparentan intelectualidad, vocería y autoridad y que, de la noche a la mañana, aparecen sabiendo de: derecho penal, medicina, arquitectura, historia por supuesto, patrimonio histórico, música, turismo, sin olvidar dejar caer de vez en cuando la mención de los archivos de Sevilla, para hacer invencibles los argumentos.

Ahora resulta que los turistas no vienen a la Heroica por su Patrimonio Histórico, sus bellezas naturales y esa combinación de atractivos que la hacen inolvidable. No señor: ellos vienen a escuchar el sonido de los cascos de los caballos en el pavimento, tan romántico e idílico que los transporta de inmediato a aquellas tardes inolvidables en que el Dr. Juvenal Urbino, en su landó de alazanes dorados, se escabullía, por los vericuetos del barrio de esclavos, a sus encuentros de halconero mayor con sus pacientes ficticias.

No conozco el primer estudio ni serio ni informal, con el que se pueda demostrar que los turistas que nos visitan lo hagan debido al atractivo de un paseo en coche tirado por caballo. Ni mucho menos por el romántico ruido de los cascos herrados. De hecho, quienes mencionan algunas ciudades en las que aun persiste el uso de caballos, tirando coches, deberán saber que desde los tiempos del alcalde de Nueva York, Bill Di Blassio, ya se produjeron las primeras prohibiciones oficiales de los coches en esta ciudad mientras el debate continua.  Barcelona en el 2018 y Palma de Mallorca en 2024, ya se decidieron por la prohibición.

Asimismo, y esto es lo más grave, a nivel mundial existe un serio movimiento, liderado por agencias turísticas, para eliminar de sus itinerarios a las ciudades en las que se incluye cómo atractivo los paseos en coches de caballos.

Por último, y  sería bueno que esto se lo hicieran saber a los turístas: para que los cascos de los caballos hagan ese romántico clap, clap, sobre el pavimento, que tanto los embelesa, el caballito debe llevar 4 herraduras atornilladas con 4 mamas de tornillos cada una a su casco. De ñapa le atraviesan una varilla entre las mandíbulas para que obedezca. No se ernesto.

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