Por Juan Diego Perdomo*

Moción de orden, Cartagena. Y antes de que me lean, por ética me corresponde informar que hago parte activa de una campaña a la Alcaldía de Cartagena. Por eso abandoné mi columna habitual en Revista Metro. Pero escribo estas líneas con toda la franqueza y la honradez que me caracterizan. No se vayan que es importante.

Siempre he sentido un profundo respeto por Judith Pinedo Flórez; la considero una extraordinaria lideresa con una amplia trayectoria política que he seguido de cerca. Jamás dudé de su inocencia con relación al caso por el que injustamente fueron encarceladas ella y Vivian Eljaiek, a quien también admiro y estimo. Me alegra sobremanera verlas libres, como corresponde.

Judith quiere aspirar nuevamente a la Alcaldía de Cartagena, esa que en 2007 le ganó a mi gran amigo Juan Carlos Gossaín, quizá el político más brillante y capaz que he conocido en mi corta vida pública. Y no es una exageración lisonjera. Hasta sus contradictores políticos más enconados así lo reconocen, por eso han llegado al punto de querer asesinarlo políticamente para que jamás vuelva a asomarse a buscar un voto. Vaya que sí toca tener el cuero duro para hacer política en Cartagena y Bolívar.

Vuelvo a Judith. Alguien muy cercano a ella, a quien reconozco como un filósofo de la política, dijo una vez que no sabe hacer otra cosa que hacer política, y en ese escenario, después de tanto tiempo sin asomar la cabeza y tras su detención, podría reivindicar su nombre y su imagen de dirigente valiente y aguerrida. Aprovechándose, a lo mejor, de su figura de mártir y víctima del machismo opresor que persigue hasta acabar.

Otro personaje más cercano, con quien tertulio a menudo, me contó que su entorno estaba dividido entre quienes quieren que aspire y quienes no. Y a propósito: es su entorno parte de la nuez de esta columna y el motivo de la misma.

Judith dejó la Alcaldía el 31 de diciembre de 2011, y cabe preguntar: ¿por qué, si le ganó a la ‘politiquería’ y lo hizo tan bien en su gobierno, no pensó en un proyecto político que continuara con su filosofía de trabajar y luchar por una sola Cartagena?

Si su gobierno fue tan bueno, ¿por qué hubo campo para que el finado locutor Campo Elías Terán tuviera tanta favorabilidad entre la ciudadanía y se eligiera con la mayor votación en la historia desde cuando existe la elección popular de alcaldes?

Pero miren lo que pasó: de ahí pa’ lante, y durante ocho años, Cartagena vivió la época político-administrativa más oscura, accidentada y vergonzosa de su historia. Unos 10 alcaldes mal contados pasaron por el Palacio de la Aduana. ¿Dónde estaba Judith?

Y llegó William Dau. El 29 de octubre de 2019 el suscrito escribió una columna titulada ‘Cartagena saltó al vacío‘ (hacer click). Esta ciudad, en una de esas crisis esquizoides que le suelen dar, producto -con razón – de la desconfianza, el hartazgo y la incertidumbre, le votó al advenedizo veedor. Y apareció Judith: «vamos a rodearlo». Y se puso a sus órdenes. Lo hizo de buena fe, no lo dudo. Hasta Vivian intentó armarle unas cosas; Mónica Fadul, otras. Marta Carvajal entró a organizarle la casa. Pero no, este trío, que es inteligente y capaz, no le aguantó la misoginia y connotada miserableza al alcalde entrante. Y se fue.

Luego llegaron Adelfo, Javier, Cielo, Reinaldo, Armando, Arturo, María Claudia, Édgar, Saia, Rafael, María Eugenia, Olguita y otra docena de funcionarios de segundo nivel pero en cargos estratégicos en el Distrito, todos íntimamente ligados al proceso Pinedo en 2007.

Y estuvo la UTB en pleno, y Funcicar, y el Consejo Gremial de Bolívar hasta un punto. Y el Comité de Revitalización de Fiestas. Dau tuvo a todo el tándem ‘mariamulato’ a su disposición pero, ¿y qué pasó; ¿no dizque el líder es lo de menos, porque la idea es rodearlo bien para que las cosas funcionen?; ¿y funcionó? No, claramente no. Miren cómo está Cartagena: es un chiquero a cielo abierto.

Entonces, ¿quién responde políticamente por este malgobierno desastroso, reactivo, ineficaz, inoperante, pasivo y destructor?; ¿Dau, acaso?; ¿o el movimiento político de Dau?; ¿o los aliados coyunturales?

Judith, tan valiente como dice ser, debería asumir una cuotaparte de esa responsabilidad. Sino el todo. Y lo sabe. Además, tras su evidente fracaso, no hay cabida para una segunda parte de Dau. Cartagena no puede permitírselo. Urge un revulsivo. Y ella no lo encarna. Ya tuvo su tiempo. Y Cartagena debe avanzar. Suficiente fue el retroceso.

Pero listo. No hay candidato o candidata perfecta. No lo hay, y no lo habrá. Todos tenemos, directa o indirectamente, una responsabilidad en la debacle. Mi propuesta va dirigida en este sentido y atañe directamente a Judith, rodeada siempre de aquellos que por ser los ‘bienpensantes’ de la ciudad creen tener la verdad revelada y estar en el lado correcto de la historia. Seres moralmente superiores que no caminan, levitan.

Basta ya de dividir a Cartagena entre buenos y malos, probos y malandrines; ustedes los honestos y nosotros los corruptos. Ustedes las víctimas y nosotros los victimarios. Yo también quiero lo mejor para Cartagena y no he robado un peso del erario en estos 13 años que llevo en lo público.

Y termino con una confesión que me expone a la crítica de mis compañeros. Aunque opino que no es su momento, que carece de liderazgo, método y un proyecto prospectivo sólido y consolidado de ciudad, quiero que Judith haga el ejercicio, porque deseo para Cartagena un debate electoral de altura, de kilates y no un barullo vergonzoso de insultos y señalamientos como hace cuatro años, o como se asoma cada tanto en redes.

Pero, eso sí, de hacerlo, la invito a dejar esa odiosa narrativa binaria de su ahora mentor, que reduce el debate a cero y lo ubica todo en parejitas. La receta falló. Suficiente tuvimos en este cuatrienio para el olvido. Mi invitación, tanto a Judith y su equipo como al resto de candidatos, es a que le regalemos a la ciudad un debate responsable de ideas, propuestas, proyectos y soluciones. Dejemos las tres hojitas del Plan de Gobierno Dau como una triste anécdota de nuestro pasado oscuro. Reconciliar a Cartagena nos va a tomar tiempo pero, de no hacerlo, será muy poco lo que podamos hacer por ella.

Cierro con una frase cliché de aspirante a edil, pero que resume mi propuesta: Cartagena es primero.

* Comunicador Social de la Universidad de Cartagena  – Magister en Comunicación de Gobierno – Consultor en Asuntos de Gobierno y Comunicación Política

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