Por Rubén Rodríguez
Al peligroso y efervescente cóctel de sicariatos e inseguridad se ha sumado hoy una ola invernal que no cesa en Cartagena. Cumplimos ya más de 20 horas y no para de llover en La Heroica y los pronósticos hablan de que las precipitaciones se extenderán por los próximos días.
Releyendo las notas de los periódicos de ayer, me di con una interesante nota que escribió el colega Vicente Arcieri cuando laboraba para el diario El Tiempo. Corría el año 2004 y era un 11 de noviembre.
En su relato dice: tres días de aguaceros inclementes, obligaron al alcalde Alberto Barboza a suspender el desfile que estaba previsto para ayer y dejar en entredicho los festejos del jueves y viernes. El Reinado Nacional también suspendió el famoso desfile de carrozas con las reinas.
Y proseguía el relato diciendo: La lluvia se opuso a los designios de este gran trabajo folclórico, histórico y ciudadano. Ayer el Comité emitió un comunicado en que se solidariza con los damnificados de la ola invernal, se muestra de acuerdo con la decisión del mandatario, pero advierte que si hoy jueves se reconsidera la decisión y se autorizan eventos al aire libre relacionados con el Concurso de Belleza, también deberán autorizarles a ellos su Desfile y otros actos populares.
En aquella época la naturaleza dejó al desnudo la incapacidad de una administración para responder ante las emergencias locales y la vergüenza que daría entonces que mientras unos celebraban otros hundían sus penas en medio del barro, el agua y la impontencia. Han pasado entonces 18 años y hoy el panorama no ha cambiado, sigue igual y tal vez peor.
Los fenómenos que afectan una ciudad siempre tienden a dejar al descubierto las debilidades e incapacidades de las administraciones. Cartagena no ha sido la excepción y lo que ha quedado al desnudo en esta Administración Dau es la falta de garantías en materia de seguridad que se ha visto reflejada en una ola de hechos de sangre que nos dejan con unas estadísticas escalofriantes. Y las medidas que se toman no responden al grado de la crisis que se enfrenta. La medicina ha resultado ser peor que la enfermedad o lo que es más vergonzoso, han intentado apagar incendios echándole más gasolina.
El problema que se viene con los mototaxistas esta semana es de grandes proporciones por cuenta de un decreto que prohíbe el parrillero hombre durante un mes. Este portal recibió una llamada de la Oficina de Prensa de la administración distrital en la que daban cuenta que no echaban para atrás ninguna medida actual y que la reunión prevista para el próximo martes es con el fin de socializar la medida que se tomará para el mes de diciembre. Esto quiere decir que lo que se viene es apocalíptico y preocupante.
Y ante un panorama con el que los cartageneros coinciden en redes y en cada esquina para que los festejos se suspendan, el mandatario distrital insiste en que no lo hará. No atenderá entonces el clamor y la ‘lloradera’ de un pueblo que se sume en el dolor por cuenta de los crímenes y que ahora está padeciendo con el agua al cuello. Desde ya se entenderá que serán mínimos los recursos que se destinen para atender dicha emergencia pues las festividades requieren y acapararon toda la atención en el entendido del contrato millonario que se ganó la dichosa firma paisa para su organización.
Insisto como lo he venido diciendo de manera reiterada: no quiero imaginarme al mandatario distrital montado en su carroza, bailando (que entre otras cosas lo hace muy mal), y cantando enmaicenado mientras que los cartageneros sufren y lloran en los cementerios por la pérdida de un ser querido. Y a estas penas, le sumamos ahora el que las lluvias estén acabando con los patrimonios y las esperanzas de muchos. Señores, no hay derecho a ser tan indolente. Las otras palabras y adjetivos calificativos los dejo a su imaginación.

