Por Pedro Devoz Zuloaga


Es evidente que hemos dado inicio a la competencia por las elecciones presidenciales de 2026.
Esta postura política es totalmente válida para cualquier actor interesado en participar en esta convocatoria popular que definirá al próximo mandatario de nuestro país.

En una realidad palpable, que se percibe y preocupa a todos los estratos y posiciones sociales, los problemas trascienden los indicadores financieros o el estancamiento de sectores como la construcción —por mencionar solo algunos, ampliamente documentados en las páginas económicas de cualquier medio. Es fundamental analizar el mecanismo que el actual sector gobernante utilizó para llegar al poder y su estrategia para mantenerse en él.

Desde el primer día del gobierno de Iván Duque, quien hoy nos gobierna dejó clara su postura: las calles serían su medio de expresión. El llamado «estallido social» fue detonado por un incremento en el precio de productos básicos, como los huevos en la canasta familiar, un argumento débil y utilizado sistemáticamente como pretexto para desencadenar una tragedia prolongada. Este periodo estuvo marcado por la pérdida de vidas humanas, la parálisis de sectores económicos y una destrucción que dejó al país con la sensación de que cualquier acción posterior a este caos era vista como una gestión positiva.

Hoy, bajo el actual gobierno, las calles no han dado los resultados esperados para desviar la atención de la realidad evidente. La estrategia ha sido culpar al poder legislativo —responsable, en el ejercicio de la democracia, de garantizar la independencia de poderes— por no dar trámite a las imposiciones del gobierno. Estas imposiciones prometen cambios que, hasta la fecha, no han demostrado cómo se realizarán.

No olvidemos la advertencia del «chuz, chuz, chuz», en tono sarcástico y amenazante, que en su momento el candidato, y hoy presidente, presentó como el mecanismo de cambio en el sector salud. Mientras tanto, billones de pesos permanecen sin ejecutar y el aumento del gasto público se mantiene como una constante en estos dos años de gobierno.

Solo queda confiar en que el ciudadano pensante, estudioso, analítico y con visión de país logre posicionar una candidatura que realmente represente a la sociedad colombiana. Una sociedad que, a lo largo de la historia, ha demostrado ser pujante, trabajadora y próspera.

Cuidado: no permitamos que destruyan este país.


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